Dicen que nuestro fin máximo en la vida es encontrar nuestra ‘media naranja’, es decir, dar con esa persona que no solo te completa, también te complementa y encaja a perfección contigo, con tu estilo de vida. Esa con la que todo es (o parece ser) perfecto. De vez en cuando se encuentra pero se pilla con tantas ganas que degustamos la relación demasiado rápido, hasta el punto de acabar con todo el jugo en el primer mes, y así media naranja tras media naranja.

El origen de la expresión ‘media naranja’ se remonta al dialogo platónico ‘El Banquete’, en dicha obra se explicaba cómo al principio la raza humana era casi perfecta, según Aristófanes. Fue entonces cuando llegó Júpiter con la manera de conservar a los hombres y hacerlos circunspectos; separarlos en dos, surgiendo así la búsqueda desesperada de unión.

El amor es un tema latente a diario en nuestras vidas, con nuestros amigos e incluso en las series y películas. Todos hablamos a todas horas del amor algo que, sin duda, genera cierta preocupación y presión social a la hora de encontrar a la persona ideal. Un amor que encontramos muchas veces a la desesperada, pues -supuestamente- no estar enamorados nos hace sentir incompletos al creer que solo podemos encontrar la plenitud si tenemos a esa otra mitad a nuestro lado. Esto nos lleva a estar con alguien por el hecho de no estar solos.

Hablar de ‘media naranja’ es hablar de sentimientos encontrados. Pero qué ocurriría si empezamos a hablar de ‘medio tomate’, ese amor que tiene sus imperfecciones, que no cuadra al milímetro, que se va desgastando poco a poco, pero con el que se puede llegar a tener una relación feliz (y sabrosa) sin ser necesariamente un ejemplo de pareja perfecta, tal y como se tiene entendido. Si partimos de que las discusiones en pareja son inevitables, hablar de ‘media naranja’ ha dejado de tener sentido hace ya unas cuantas líneas.

medio tomate

medio tomate

Si nos remontamos a la historia del tomate, en sus comienzos fue un producto poco aceptado pero fueron los herbolarios franceses los que empezaron a asociar el tomate al amor por sus supuestas propiedades afrodisiacas, refiriéndose al tomate como ‘manzana del amor’ (ponme d’amour). En Europa tardó en cuajar y hasta lograr ser lo que es hoy hemos escuchado de todo, por ejemplo, en 1992 Emmanuel Gignoux decía que era “carnoso, rico y generoso de los frutos del amor” o en Andalucía que denominaban al tomate como “carnalidad diabólica”.

A diferencia de la ‘media naranja’ el tomate tiene su propio recorrido y personalidad. Medio tomate por si solo tiene tal personalidad que no necesita de su otra mitad para ser un ente completo, es capaz de conseguir en solitario lo que se proponga. A su vez encontrar ese ‘medio tomate’ ya no será un proceso idílico, será un proceso realista, con sus más y con sus menos.

medio tomate

La finalidad de la ‘media naranja’ es sentirse uno, ser un único ente. En cambio, encontrando tu ‘medio tomate’ será una relación de dos, con sus propias vidas independientes y su vida en común, dos vidas y no una. De hecho, para que una pareja funcione se necesita que las dos personas sean completas y felices de forma independiente y no únicamente en pareja, por lo que la ‘media naranja’ vuelve a no tener sentido.

medio tomate

Dejar a un lado el destino -y sus naranjas- para comenzar a hablar de química -y sus tomates-. Porque con media naranja poco se puede hacer, pero con medio tomate se abren infinitas posibilidades. Y recuerda que no existe una única persona ni una única posibilidad de ser feliz.