Pocas veces mis cuerdas vocales son capaces de pronunciar la temida declaración –siempre peligrosa-, pero con el paso de los años me he percatado que tú, Madrid, te lo mereces. No solo me dejas hacer de tus calles mi vida, mi casa y mi historia, también me permites ver más allá de los que muchos consiguen ver, y es que si algo bueno tienes es que me dejas disfrutar del arte sin necesidad de encerrarme entre las cuatro paredes de un museo. Por eso hoy me atrevo a decírtelo: “Madrid, te quiero”.

Galería de Robles es una calle que impresiona desde el primer minuto, al instante de pisar su suelo, sus baldosas. Es una calle tranquila, sin mucha luz, sin aceras y sobre todo corta pero con mucha historia, un rincón semiescondido junto a la escandalosa Plaza del Dos de Mayo.

Calle Galería de Robles

Calle Galería de Robles

Calle Galería de Robles

El origen de la calle es incierto pero los vecinos cuentan diferentes historias sobre el nombre. De lo que no hay duda es de las historias que aguardan sus edificios, en ellos han vivido artesanos y valientes emprendedores que apostaron por montar diversos negocios en dicha calle: desde una carpintería hasta una fabrica de maquinas de coser o una carnicería, e incluso una tienda de comestibles, entre otros.

Desde hace unos meses esta sigilosa calle situada en pleno corazón de Malasaña es también una galería de arte callejera, gracias a la última edición de Pinta Malasaña que convirtió la calle en una galería de bolardos pintados por 83 de los artistas participantes en la acción. Una firma muy especial para una calle sin puertas.

Calle Galería de Robles

Calle Galería de Robles

Caminar de manera desenfadada y sin prisa, mirando cada bolardo e recreando cada una de sus historias. Desde el tóten de Nikkita Rodriguez, a la recreación de Wally de Pablo Burgueño, pasando por la ingeniosa creación de Sanz i Vila o la divertida caquita de Angulo.

Calle Galería de Robles

Calle Galería de Robles